Hace diecisiete años, una amiga me invitó a Almendra. Yo estaba cansada, no tenía ganas de salir ese finde. Pero le hice la pata, ella tenía que ir a ver a alguien y no la podía dejar en banda ... Le dije que salía pero así como estaba, con un jean roto, una remera y sin maquillaje. Me sentía libre como no me había sentido nunca, de todo tipo de relaciones que pudieran aprisionarme, y me dije secretamente, "bueno, salgo a festejar eso".
Cuando llegamos estaba lleno de gente, literalmente. No se podía respirar. Pero nos encontramos. Te habías tomado el día en el laburo en Bobi's para ir a ver a Skay Beilinson. De otra manera jamás hubieras estado en ese lugar en ese momento. Me saludaste, con tu pelo interminablemente rubio y largo. Nos conocíamos de haber compartido con amigos en común un par de noches en Bobi's y en Jonathan, en las que si mal no recuerdo no habíamos hecho otra cosa que pelear. De repente quedó libre una mesa, nosotras estábamos más cerca y cuando nos íbamos a avalanzar para ocuparla, me dio pena dejarlos ahí parados, y les dijimos que sí se querían sentar no había problema. Se acercaron, pedimos una cerveza, y empezamos a charlar de cualquier cosa, vaso va, vaso viene, hasta que tu amigo tuvo un desperfecto intestinal y se tuvo que ir urgente, según me entere después. Al rato vos le pediste a mi amiga que se fuera, que nos dejara solos. Yo que no entendía qué pasaba, ese día no había salido a jugar a nada...
Me quisiste explicar física cuántica, y yo te escuchaba extasiada de escuchar a alguien que en mi mismo idioma me hablara de cosas que no entendía. Se había hecho de día, y mientras nos íbamos caminando, se nos iban cayendo a pedazos las caretas, los disfraces, las vueltas, íbamos quedando en carne viva, a puro sol. Todavía no entiendo por qué. Me contaste algo de tu vida, y yo algo de la mía. Nos quedamos por ahí, tomando un Pronto Shake perdidos en alguna esquina del centro.
Cuando llegó el turno de hablar de amor y relaciones, así sin anestesia, me tiraste un un "Yo voy a saber quién es la mujer de mi vida cuando le dé la mano y sepa que va a ser quien me la sostenga cuando me esté muriendo".
Y quedé ahí, dura, estupefacta, ruborizada, aturdida, escuchando la contrapartida de las palabras que había escrito en mi diario algún tiempo atrás, "el hombre de mi vida iba a ser aquél a quien yo supiera que le iba a sostener la mano cuando fuera el momento de su muerte".
No sé qué clase de pacto habremos firmado en otras vidas. O si algún diablito o angelito te sopló al oído la contraseña para entrarme al alma. Mi diario estaba en casa. Escrito en inglés, bajo llave. No hay explicación. tampoco es algo que uno ande escuchando, la gente no se reconoce por cosas así. O a lo mejor sí ...
Hoy hace diecisiete años de ese día. Tuvimos idas y venidas. Momentos de todo tipo y color. Mágicos, lindos, trágicos. Seguiría eligiendo vivirlos con vos. Porque en todos estos años jamás me soltaste la mano. Porque seguimos durmiendo abrazados como el primer día, y porque si tengo que pelear contra dragones, internos y externos, y subirme a la torre más alta por una cucharita más, escupo fuego.
Feliz aniversario mi amor, así, en público, y contra viento y marea.